Castigos y recompensas, cómo aplicarlo

Castigos y recompensas

La educación de los hijos es una destreza que día a día los padres ponen en práctica. Afrontar cada conflicto, gestionar las emociones o saber como aplicar los castigos, no es tarea fácil. En referencia a los castigos se ha descubierto que son eficaces a largo plazo, siempre que el niño entienda la relación que se establece entre el mal comportamiento y las consecuencias.

¿Como aplicar un castigo o una recompensa?

Existen diferentes criterios de aplicar un castigo y que podemos emplear en la educación de nuestros hijos, aunque no existe uno infalible que sea tan eficaz que siempre funcione. Asimismo, en la mayoría de los casos es preferible hablar de consecuencias o de responsabilidad en vez de castigo.

Siempre se debe dar al niño la oportunidad de rectificar y corregir su error. En este sentido, es importante saber que los castigos no deben ser la única manera de educar al menor. Entender el motivo por el que se realiza e invitarles a la reflexión o la introspección, es fundamental si nuestro propósito es que aprenda del error. Sino entienden la importancia del respecto y las normas de convivencia no habremos conseguido nuestro objetivo a largo plazo.

En ocasiones el castigo no es proporcional al mal comportamiento, este hecho no debe suceder, al mismo tiempo que debe ser corto y específico, no se puede castigar a un niño sin consola un mes o tres meses porque perderá el sentido. De hecho, si es muy pequeño no recordará porque esta castigado. Es recomendable que la consecuencia sea realista y posible de cumplir, que sea ajustada a la realidad y que el menor tenga habilidades suficientes para llevarlo a cabo.

Por otro lado, el refuerzo positivo es otra manera de educar, incluso puede llegar a temer más eficacia que los castigos. Si queremos que nuestro hijo modifique la conducta deseada le aplicaremos el refuerzo positivo para aumentar su probabilidad de ocurrencia. Por ejemplo: Si obtiene buenas notas recibirá aplausos, felicitaciones, y reconocimientos, provocando que esa conducta se repita en un futuro.

Cuando apliquemos una recompensa, debe ser inmediatamente después de haber realizado el buen comportamiento. Otra manera de cambiar la conducta de nuestro hijo consiste en reforzar la conducta contraria a la que se quiere eliminar, en otras palabras, atender sólo a los comportamientos que nos agradan.

Es recomendable que la recompensa sea gradual, es decir a medida que vaya creciendo, retiraremos el premio para crear el hábito. De esta manera no será necesario repetir la orden, ya que aprenderá a ser más responsable. Asimismo, debe ser constante y reforzar el mismo comportamiento positivo tantas veces como lo realice. No debemos olvidar la importancia de la motivación y el valor del esfuerzo sin estos valores les resultará difícil enfrentarse a futuras dificultades.

En definitiva, para que los castigos sean eficaces debemos cerciorarnos de que nuestro hijo haya comprendido y razonado el motivo por el que le castigamos. Los padres se ven envueltos en situaciones complicadas que resuelven con creatividad y paciencia, no olvidéis que la educación del menor es la base de su personalidad. En caso de detectar problemas graves de comportamiento es preferible que nos consultéis ya que ser padres no es tarea fácil.


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